El agua guarda la memoria | Viernes por el planeta – Proyecto Roble y Revista Juventud

Cuando decimos que el agua guarda la memoria nos referimos a que cuando existen quebradas, ríos, lagos, humedales y otros cuerpos de agua, esta regresa siempre a ocupar su espacio, así sea empujada fuera de su espacio primigenio. Explicamos a continuación con algunos ejemplos. 

En muchas zonas urbanas es común que se llenen las quebradas y terminen siendo espacios donde se construyen casas, o vías u otras construcciones desplazando las quebradas o dándoles poco espacio; cuando se presentan altas precipitaciones, entonces es muy dado que se presenten inundaciones que supuestamente son debidos a un castigo o a mala suerte o muchas más excusas. No, se debe a que la quebrada o el río eliminado o disminuido vuelve a requerir el espacio primigenio que le fue restado.  Los ríos y quebradas son también geografía para el drenaje. 

Los humedales en muchas zonas de Colombia son rellenados con escombros o con tierra desplazada de banqueos para nuevas construcciones, terminan estos (los humedales) teniendo menos capacidad de albergar las aguas lluvias en épocas de alta pluviosidad y, por tanto, pasan a inundar zonas aledañas que antes no se presentaban. 

Los humedales no se inundan, recuperan su espacio vital. 

Los ríos tienen una cota de inundación en sus lados en épocas de invierno, requerida para mayor área de playas, como estas son invadidas para construcciones, entonces cuando sobrevienen mayores precipitaciones se verán casas con el agua al cuello, no por mala suerte, sino por no ser previsivo. Es claro que los pobres no tienen las capacidades de escoger donde construir, pero son los gobiernos locales, regionales y nacionales quienes deben velar por no dejar invadir los lechos y playas aledañas de los ríos. 

Los ríos no se desbordan, recuperan su antiguo cauce. 

Otro de los grandes problemas que nos presentan los ríos es la sedimentación y alojamiento de residuos sólidos en su lecho. Por ejemplo, en algunos años de fuerte sequía se ha podido ver que el lecho del Río Magdalena tiene millones de toneladas de llantas, escombros y muchos más residuos indeseables que le restan capacidad para albergar el agua y esta se desplaza a los sitios vecinos produciendo inundaciones y crisis. 

Cuando destruimos los bosques protectores de las partes altas se presentará mayor erosión y derrumbes que a la vez llegan a los ríos más abajo y terminan llenos de sedimentos que provocaran inundaciones en las tierras bajas. El ciclo se pervierte desde la montaña y termina colapsando las partes bajas. 

Se requiere, por tanto, un plan general de cuidado de las tierras, tanto las de montaña como las de tierras bajas, conservar cobertura vegetal protectora. 

Otro factor clave es la disposición de residuos sólidos en pueblos y ciudades, cuando se vierten en alcantarillados estos desechos y escombros, terminamos con un desequilibrio total en el sistema de drenaje. 

El mar comienza en la alcantarilla de la esquina o en el desagüe de su casa, cada plástico que se arroje en estos terminará casi indefectiblemente en el mar. 

Revista Juventud exhorta a los ciudadanos a ser responsables con cada acción, buscando que estas sean amigables con el medio ambiente. 

En alianza con Revista Juventud

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